Aquí está la nota, reescrita con narrativa fluida al estilo La Nación:
Se fue el maestro Cherquis Bialo: el periodismo argentino llora a uno de sus últimos grandes cronistas
El viernes 20 de marzo, cerca de las 22, el periodismo deportivo argentino quedó huérfano de una de sus voces más singulares. Ernesto Cherquis Bialo murió en la Clínica Santa Catalina, en el barrio porteño de Belgrano, a los 85 años. La leucemia que lo perseguía desde 2025 terminó por vencerlo: una insuficiencia respiratoria fue el desenlace de una batalla que él había peleado con la misma obstinación con que alguna vez diseccionó los silencios de Diego Maradona o los golpes de Carlos Monzón.
Nacido en Montevideo el 30 de septiembre de 1940 y argentino desde la infancia por adopción y por convicción, Cherquis Bialo había protagonizado a fines del año pasado una recuperación que él mismo, con ese gusto suyo por la hipérbole precisa, calificó de “milagrosa”. Pero las complicaciones regresaron en las últimas semanas y ya no hubo vuelta atrás.
Detrás de su muerte queda una trayectoria de más de seis décadas que no admite resumen justo. Treinta años en las páginas de El Gráfico —la biblia del deporte nacional—, ocho de ellos como director, le bastaron para construir un estilo inconfundible: el de alguien que creía que el deporte, bien contado, era literatura. Sus biografías sobre Maradona, Monzón y Ringo Bonavena no eran simples repasos cronológicos; eran radiografías del alma popular argentina. Su célebre análisis del “10” —”hay por lo menos 8 o 9 Maradonas”, decía— sigue circulando hoy como una de las frases más lúcidas que el periodismo argentino haya producido sobre el astro de Fiorito.
Entre 2009 y 2014 ocupó la dirección de Medios y la vocería de la AFA durante la era Grondona, cargo desde el cual le tocó pronunciar, en julio de 2014, una de las frases más recordadas del periodismo institucional argentino: “Tengo el doloroso deber de informar sobre la muerte de la figura más emblemática del fútbol argentino y una de las más importantes del fútbol mundial”. Pocas veces un comunicado de prensa tuvo tanto peso específico.
Los premios —cuatro Martín Fierro en radio y televisión, el Konex de Platino de 1987, y el reconocimiento como Personalidad Destacada del Periodismo Deportivo que le otorgó la Legislatura porteña apenas en 2024— apenas rozan la dimensión real de su influencia. Hasta sus últimos tiempos se lo pudo escuchar en C5N y otras plataformas, sin ceder un milímetro de su legendaria frontalidad. Él, que había visto nacer y crecer al periodismo deportivo moderno, no tuvo reparos en declararlo “muerto” en su forma clásica. Era, también, una manera de decir que el oficio que amaba le pertenecía a una especie en extinción.
Hincha de San Lorenzo hasta los tuétanos, el club de Boedo lo despidió esta madrugada con un comunicado que celebró su “sanlorencismo apasionado” y sus “crónicas de inspiración sin igual”. En las redes sociales, colegas, jugadores y lectores de distintas generaciones confluyeron en el mismo adiós: se fue un narrador de raza, polémico, incómodo a veces, insustituible siempre.
Ernesto Cherquis Bialo supo hacer algo que muy pocos logran: convencer a sus lectores de que un partido de fútbol, una pelea de box o una partida de ajedrez podían contener toda la tragedia y toda la gloria del mundo. Que en paz descanse el maestro.