En las primeras horas del domingo, el conflicto entre Irán, Israel y Estados Unidos alcanzó un punto de inflexión histórico con la confirmación oficial de la muerte del ayatolá Ali Khamenei, líder supremo de la República Islámica desde 1989. Un ataque conjunto estadounidense-israelí impactó su oficina en Teherán durante la madrugada, poniendo fin abrupto a más de tres décadas de poder teocrático.
El operativo causó al menos 200 víctimas fatales, según fuentes iraníes, entre ellas varios altos funcionarios del régimen. Khamenei tenía 86 años. Las imágenes que circularon desde la capital iraní mostraron columnas de humo sobre el horizonte y familias abrazándose en las calles en medio de la conmoción. En barrios históricamente opositores al régimen, el ambiente era, según testigos, de un silencio cargado de ambivalencia.
El presidente Donald Trump calificó la operación de “justicia histórica”, mientras que el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu la describió como un golpe “preciso y necesario”. El gobierno iraní, en cambio, la denunció como una agresión flagrante contra la soberanía nacional y declaró 40 días de luto oficial. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) advirtió que no tendría “ninguna piedad” en su respuesta.
Represalias a gran escala
Horas después del ataque, Irán lanzó una ofensiva de misiles balísticos y drones contra Israel y al menos 27 bases militares estadounidenses distribuidas en el Golfo Pérsico. Las explosiones sacudieron Dubái y Doha, mientras sirenas antiaéreas obligaban a miles de familias israelíes a refugiarse en búnkeres durante la madrugada. El espacio aéreo regional colapsó y cientos de vuelos comerciales fueron cancelados o desviados de emergencia.
Analistas consultados por este medio advierten sobre un riesgo real de guerra regional abierta, con consecuencias humanitarias impredecibles para millones de civiles en Irak, Siria, el Líbano y los territorios palestinos. El posible cierre del Estrecho de Ormuz —por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial— ya empujó el precio del crudo por encima de los 100 dólares el barril en los mercados asiáticos.
Reacciones internacionales
Gobiernos de Europa y Asia emitieron llamamientos urgentes a la “máxima contención”, aunque Trump descartó cualquier pausa y anticipó que las operaciones “continuarán sin interrupción” hasta lograr un cambio de régimen en Teherán. La Casa Blanca no aclaró qué implicaría ese objetivo ni cuánto tiempo podría llevar alcanzarlo.
En Argentina, el presidente Javier Milei elevó la alerta de seguridad nacional al nivel “ALTO” y reforzó la protección de la comunidad judía. En un comunicado oficial, su gobierno calificó la muerte de Khamenei como “justicia para las víctimas del terrorismo”, en referencia directa al atentado a la AMIA de 1994, cuya autoría fue atribuida por la justicia argentina a agentes iraníes.
Un vacío de poder en Teherán
La muerte de Khamenei abre un vacío de poder sin precedentes en la República Islámica, cuya arquitectura institucional no ha atravesado una transición en más de 36 años. La Asamblea de Expertos, encargada de designar a su sucesor, deberá reunirse en circunstancias de guerra y bajo una presión internacional extraordinaria. Analistas señalan que la ausencia de una figura de consenso podría agudizar las disputas internas entre facciones conservadoras y reformistas, complicando aún más cualquier salida negociada al conflicto.
Con el mundo conteniendo la respiración, esta crisis pone al descubierto la fragilidad del orden regional construido en torno a disuasiones mutuas que ahora han sido superadas. La ventana diplomática, si es que existe, se cierra con rapidez.