Vanesa González habló de Jauría, una pieza teatral que refleja el caso real de una violación en manada: “Es una obra incómoda, mucha gente no sabe si aplaudir o no”

Por Constanza Kong

Una mujer y cinco hombres dan su testimonio sobre el escenario para reconstruir un caso real que ocurrió en España el 7 de julio de 2016: una joven de 18 años fue violada por un grupo de varones durante los festejos de San Fermín. Con las declaraciones realizadas durante el juicio se compuso una obra de teatro documental, llamada Jauría, que se estrenó en Madrid en 2019 y ahora se presenta en Buenos Aires.

“En España fue un caso súper importante y de hecho lo que más se cuestionó fue el comportamiento de la denunciante”, explica a Teleshow la actriz Vanesa González, quien protagoniza esta obra de Jordi Casanovas en el teatro Picadero junto a Martín Slipak, Gustavo Pardi, Gastón Cocchiarale, Lucas Crespi y Julián Ponce Campos.

Con una escenografía minimalista y una iluminación tenue, los seis personajes narran esta cruda historia que comienza en una plaza en el centro de Pamplona. Los actores miran al público y recorren el escenario constantemente. Cinco amigos que se autodenominan “La Manada” conocen a una joven y entablan una charla. Luego, le ofrecen acompañarla hasta su auto estacionado. En el camino acceden al palier de un edificio, donde violan a la joven y uno de ellos graba con su celular el abuso. En la escena, el personaje de Vanesa, que no tiene nombre para proteger a la verdadera víctima, es rodeado por los cinco hombres que no la tocan, pero la tienen acorralada. Esa imagen es la más fuerte de esta pieza teatral que es dolorosa de ver y que obliga a los espectadores a reflexionar en todo momento.

Se genera un clima tenso durante toda la obra, especialmente cuando ocurre el juicio en el que se dan más detalles de la violación. Para los guiones de Jauría se utilizaron las transcripciones del juicio que se llevó a cabo entre 2017 y 2019, con fragmentos de las declaraciones de los acusados y la denunciante que fueron publicadas en los medios. Este caso generó controversia en España y provocó un debate en la sociedad para rever los conceptos de consentimiento y agresión sexual. El juicio marcó un antes y un después en la Justicia española. Hubo marchas multitudinarias en todo el país para pedir una mayor pena a los acusados que finalmente fueron condenados a 15 años de prisión.

Vanesa González, protagonista de Jauría
Los jueves se realizan unos debates abiertos y gratuitos cuando termina la función (Mariana Fossatti – Gastón Giménez)

Un aspecto llamativo es que en ningún momento de la obra los actores tocan a Vanesa en el escenario. “Fue una decisión artística del director Nelson Valente y nosotros estamos muy de acuerdo -explica la actriz-. El texto ya es demasiado fuerte y agresivo como para que encima tengamos un contacto físico. Creo que en este caso restaría y no le aportaría. Le quita valor al documental. Si hubiese contacto físico se trataría más de contar una escena y no tanto pararnos en el género de documental. Para mí es más crudo que no haya contacto físico”.

—¿Cuál es el mensaje que quiere transmitir la obra?

—La obra invita a que nos revisemos, nos repensemos todas, todos, todes. Es un momento donde la lucha contra los femicidios, la lucha en cuanto al feminismo, es muy vital, en el que la voz está alta y es importante sostener que nos unamos a nivel sociedad. Esto no es hombres contra mujeres ni mujeres contra hombres: es una lucha por los derechos humanos. La obra nos invita a la reflexión, a revisarnos, a repensarnos.

Vanesa González, protagonista de Jauría
El elenco completo de la obra: Vanesa González, Martín Slipak, Gustavo Pardi, Gastón Cocchiarale, Lucas Crespi y Julián Ponce Campos (Mariana Fossatti – Gastón Giménez)

—¿Qué aspectos te llamaron la atención de este caso?

—Dividió a España a dos aguas, sobre todo por la actitud de la denunciante: se la juzgaba mucho por ser honesta, por no llorar en una cama, por no exagerar, por haber reconocido no haber sentido dolor… Pareciera que como sociedad seguimos esperando un manual sobre cómo se comportaría una víctima después de ser abusada y violada. La obra nos invita a pensar en estas cosas. En España hubo periodistas que la seguían a ver qué estaba haciendo, por qué se había ido a la playa. Fue un caso largo, hasta hoy. Es un tema actual porque siguen los femicidios, no es una comparación para nada lejana, ni hablar de los abusos y las matanzas en manada, estos planes macabros, como el caso de una nena de 15 años en Rosario que el día de su cumpleaños el ex novio la sacó de su fiesta, la drogó y la llevó a un encuentro con otros cuatro varones.

—Como espectadora admito que me sentí incómoda porque la historia es muy dura…

—La obra es muy incómoda, mucha gente dice que no sabe si aplaudir o no. Más allá de que es una obra que se aplaude por la cuestión que te toca. A la vez habla mucho de esta tensión y la entiendo. Mientras la hago no puedo huir de lo que estoy diciendo, siempre hay cosas que voy comprendiendo en diferentes momentos. Eso pasa con todas las obras, por ahí con esta un poco más porque no para de relatar y relatar en distintos momentos. Pero en general, separo lo que es el trabajo, terminar una función e irme a mi casa. No es la primera vez que hago una obra fuerte y nunca me ha pasado de quedarme con una sensación rara.

Vanesa González, protagonista de Jauría
Jauría se presenta de jueves a domingo a las 20 en el Picadero. Las entradas salen 1500 pesos (Mariana Fossatti – Gastón Giménez)

—¿Cómo te preparaste para el personaje?

—El autor Jordi Casanova estructuró los testimonios reales de la denunciante, los abusadores, los abogados y la fiscal de un modo especial en el que uno escucha a los personajes como si estuvieran hablando al mismo tiempo… Nunca había hecho teatro documental, no estaba acostumbrada a verlo. Fue muy novedoso a la hora de trabajar. (El director) Nelson propuso un trabajo en equipo en el que nuestra acción esté focalizada en recordar, contar y tratar de estar cercano al público. Colabora que es una sala muy pequeña que genera algo muy íntimo y al público le vemos las caras. Por más que la acción sea esa, es inevitable escaparme de ese lugar porque soy mujer y me toca en un montón de aspectos. Pese a que el material es agresivo y es un caso real, disfruto mucho de hacer esta obra. Me resulta difícil decir la palabra espectáculo porque no es un espectáculo, sobre todo tratándose de este tema. Pero lo disfrutamos, se arma una dinámica de relato en la que no nos detenemos en contar cómo fueron los hechos, sino en darle voz a estos testimonios.

—Al finalizar la función, los jueves hacen debates abiertos en la calle con un invitado o invitada especial que modera la charla. ¿Cómo son esos encuentros?

—Surgen charlas muy interesantes. El otro día una chica de 17 años dijo: “Me avergüenzo un poco pero había momentos en que las dinámicas machistas me identificaban, sentía empatía”. Si uno lo piensa son dinámicas en las que fuimos criados, criadas todes. No quiere decir que uno sea un violador, un agresivo, un golpeador, pero sí pertenecemos a un sistema en el que se silenciaron un montón de cosas. Las dinámicas micromachistas están muy instaladas a nuestra vida, a nuestro sistema social, a nuestro funcionamiento. Lo que a mí me resulta más interesante no es tanto hablar del feminismo o sobre los ataques en sí mismos, sino escuchar realmente lo que dice el público, en qué parte se han sentido incómodos o vergonzosamente empatizados, cómo esto genera tanta contradicción, la necesidad que tenemos de revisarnos. El teatro documental es un medio de comunicación muy sólido.

Fuente: Infobae