Después de seis años comienza el juicio contra un cura acusado de abuso sexual

Mariana Iglesias

El 14 de abril comienza en Catamarca el juicio contra el cura Juan de Dios Gutiérrez, denunciado en 2015 por abusar sexualmente de una adolescente cuando tenía 16 años. En este tiempo la Iglesia intentó frenar la causa y la familia de la chica tuvo que mudarse por los hostigamientos.

Fue Alejandra, la madre de Agustina, quien denunció al cura Juan de Dios Gutiérrez, el padrecito Juan, como lo llamaban en Belén, un pueblo no tan chico ubicado a 350 kilómetros de la capital de Catamarca. Este cura coordinaba el grupo Jovenes Unidos por Amor a Cristo, al cual iba Agustina.

«Soy sobreviviente de abuso eclesiástico, y junto a mi mamá emprendimos esta lucha diaria. Desde ese día que ella denunció al cura Juan no cesaron los ataques, como si nosotras tuviéramos la culpa. A tal punto que tuvimos que salir de ese lugar dejando nuestra casa y afectos», dice la joven que está por cumplir 22 años.

Cuenta la familia que la comunidad de Belén nunca las apoyó con la denuncia contra el sacerdote, que decía que eran unas mentirosas. Y eso que las pericias psiquiátricas sobre el cura fueron contundentes: «Predominan rasgos obsesivos y un nivel de ansiedad paranoide”, «personalidad narcisista y de tipo psicopática”, «manipuló a la víctima al punto tal de anular o destruir la subjetividad»,

De la sospecha a la confirmación

«Agustina había cambiado mucho, La notaba diferente esos meses que iba a la parroquia a reunirse con ese grupo juvenil. Volvía a casa mostrando odio hacia su papá y a sus hermanas. Eso fue al principio, después su enojo fue conmigo, casi no me hablaba, no compartía con nosotras ni las comidas», dice Alejandra.

«El cura me decía que mi papá era un mal padre, porque se había separado de nosotras, que se había separado de mi mamá y que mis hermanas eran egoístas. Y que mi familia no servía para nada. Me decía que él iba a ser mi padre, que él era Dios en la Tierra, hasta que me abusó. Yo no sabía cómo contarlo, me entró el miedo y la desesperación. Me amenazaba y me decía que no dijera nada, que Dios aprobaba todo lo que me hizo. Y que con una confesión quedaba todo limpio«, cuenta Agustina.

«Fue una mañana de octubre de 2015 que mi hija no dio más, se desmayó en la escuela, y tuvo que ser internada de urgencia. Siempre sospeché que algo le pasaba en ese lugar en la parroquia de Belén. Ese día fui a casa a buscar ropa para llevarle y encontré su computadora abierta en la cama, estaba prendida y el chat abierto. Estaban las amenazas del cura. La última conexión a las 4 de la mañana. Me quedé ciega, con los ojos llenos de lágrima, estaban las pruebas que necesitaba y todo el horror que mi hija sufrió: amenazas, fotos, y más de cinco mil mensajes que describían el abuso sexual, físico y psicológico hacia Agustina«, detalla Alejandra.

«Decía cosas muy feas que yo jamás sentí. El cura me decía que con sólo levantar el teléfono nos podía hacer desaparecer a todas. Me quería morir, estuve internada varias veces con tratamientos psicológicos», agrega Agustina.

La familia tuvo una batalla inesperada en el pueblo, contra la sociedad: «Nos decían mentirosas. Empezamos a hacer marchas, con la familia. El cura fue detenido por 45 día, hasta que pagaron su salida, Y hubo una marcha triunfal de apoyo hacia él. Fue una gran impotencia, un nudo en el estómago, y ahi le prometí a mi hija que iba a haber justicia», dice Alejandra.

Se conectaron con la Red de sobrevivientes de Abuso Eclesiástico de Argentina, que las apoyó. Conocieron sobrevivientes y a una psicóloga. El miedo fue desapareciendo. La causa se elevó a juicio. «Fue un gran triunfo. pero ¿por qué tiene que ser así?», se pregunta Alejandra.

«Luego de casi seis años, saber que había una fecha de juicio fue un poco de alivio. Pienso que si hay justicia seré libre, pero fue y seguirá siendo una batalla contra el poder, Me siguen atacando como si fuera mi culpa, un juez llegó a decir que mi causa no era relevante. Sé que no es mi culpa, me persiguen los recuerdos y las pesadillas, pero se que no estoy sola, ahora estoy a salvo», asegura Agustina.

«Desde el primer momento se trató de ocultar. Me pedían a mí que me callara -dice la madre a Clarín-. Pasamos por tantas apelaciones y postergaciones del proceso legal, no debería ser así, ¿Por qué tanta demora? Veo la desigualdad y el poder que tiene la Iglesia en todo eso«.

«El juicio para mi es un logro importantísimo porque vamos a demostrar que nunca mentimos, como nos habían dicho. Lo que se va a ver son las pruebas contundentes que hay. Llegar a esta instancia es un logro tremendo y lograr que se haga Justicia, que es lo que yo le prometí a mi hija desde un primer momento», dice Alejandra.

«Además de prometerle Justicia a mi hija le dije que no era solo por ella sino para todas las víctimas. Solo en Catamarca hay dos curas más denunciados. La Justicia tendría que ser igual para todos, pero tenemos un sistema Judicial que tiene mucho poder, como es el poder eclesiástico. Pido Justicia para mi hija Agustina y para toda mi familia porque todos lo sufrimos de igual modo, como mis padres, mis hermanos y mis afectos más cercanos, la Justicia es para todos. Quiero que los jueces castiguen realmente a quien cometió este delito, porque es un delito, nos han dicho que perdonemos el pecado, pero esto es un delito, un delito atroz -sigue la mamá-. Y que le devuelvan la libertad a mi hija, que vuelva mi hija Agustina alegre de siempre, la que no se cae, que ame la vida, porque yo la salvé varias veces de que se sacara la vida. Quiero justicia para todas y que no haya una Agustina más».

Apoyo de organizaciones

«Denunciamos el escenario de indefensión, vulneración y precarización de las garantías y de los derechos más fundamentales, consecuencia del actuar obstaculizador, dilatorio y patriarcal del sistema judicial, de quienes han sido víctimas de abuso por parte del clero y tuvieron la valentía de denunciar», dice un comunicado de la Red de Sobrevivientes de Abusos Eclesiásticos de Argentina.

«Repudiamos al clero de Catamarca y a toda la cúpula de la lglesia Católica, por su accionar corporativo en defensa de los abusadores; que coacciona a las víctimas y familiares, intentando mantener el silencio a cambio de dinero, trasladando de lugar al abusador, que nunca es apartado de la estructura eclesiástica, sino todo lo contrario, es protegido social, política y financieramente, a través de los recursos que le brinda el poder que detenta la Iglesia en nuestra Provincia. Denunciamos, asimismo, las prácticas intimidatorias, de abuso y de encubrimiento sistemático de la Diócesis«, sigue la nota.

«La lenta acción judicial perpetúa, mantiene vigente y acrecienta el daño emocional de la Sobreviviente, su grupo familiar y afectivo, ya que es la respuesta del Estado – representado por el Tribunal – quien repara el daño, si es que hay un castigo -continúa el comunicado-.  Una sentencia justa, es decirle a la Sobreviviente, y a toda la Sociedad, YO TE CREO, esto ES un delito aberrante y se castiga. Es el único modo de terminar con la impunidad e ir sembrando un nunca más».

«Por todo ello y considerando que es el primer cura abusador enjuiciado en nuestra Provincia, exigimos a la Cámara de Sentencia en lo Criminal Nº 3 compuesta por los jueces Raquel Olmi, Jorge Palacios y Marcelo Soria una condena ejemplar, y con perspectiva de género, con cumplimiento efectivo e inmediato. Exigimos la separación de la Iglesia y del Estado, y la imparcialidad de la Justicia», concluye.

Fuente: Clarin.com