Escalada sin precedentes en Oriente Medio. En la madrugada, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques aéreos coordinados contra objetivos estratégicos en Irán, en lo que ya se perfila como uno de los episodios más delicados de los últimos años en la región.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó la ofensiva a través de Truth Social y habló de “major combat operations” contra el régimen iraní, con el argumento de “eliminar amenazas inminentes” y frenar cualquier posibilidad de que Teherán acceda a armamento nuclear. Del lado israelí, el ministro de Defensa, Israel Katz, calificó la acción como un “ataque preventivo” destinado a “proteger al Estado de Israel”.
Según fuentes oficiales y reportes preliminares, la operación —mencionada en algunos círculos como “Operation Shield of Judah” y “Roaring Lion”— incluyó bombardeos de alta intensidad sobre distintos puntos del territorio iraní. Las primeras explosiones se registraron en Teherán, cerca de áreas sensibles como oficinas vinculadas al líder supremo Alí Jamenei y el complejo presidencial. También hubo reportes de impactos en Isfahán, Qom, Karaj y Kermanshah, además de posibles instalaciones navales vinculadas al IRGC en la zona de Chabahar y Konarak.
Medios estatales iraníes confirmaron daños en múltiples áreas y columnas de humo visibles en el centro de la capital. La tensión escaló de inmediato: Israel declaró el estado de emergencia nacional, activó sirenas antiaéreas en todo su territorio y cerró su espacio aéreo. Irán hizo lo propio y, según las Fuerzas de Defensa de Israel, se detectaron misiles iraníes en trayectoria hacia territorio israelí como respuesta inicial.
El trasfondo de la ofensiva combina semanas de negociaciones fallidas sobre el programa nuclear iraní —la última ronda en Suiza terminó sin avances— y reiteradas advertencias de Trump sobre una acción militar si no se desmantelaban los desarrollos atómicos y balísticos de Teherán. A eso se suma el antecedente de la guerra aérea de 12 días en junio de 2025 entre Israel e Irán, que ya había elevado la temperatura regional.
Funcionarios estadounidenses describieron los ataques como “no pequeños” y deslizaron que la campaña podría prolongarse durante días o incluso semanas. “El régimen iraní busca matar. No permitiremos que tengan un arma nuclear”, sostuvo Trump en su mensaje.
Desde Teherán, la reacción no tardó: autoridades iraníes prometieron una “respuesta aplastante”, mientras circulan versiones sobre que Jamenei se encuentra en un lugar seguro. El espacio aéreo iraquí fue cerrado por razones de seguridad y la embajada de Estados Unidos en Qatar ordenó al personal refugiarse en sus instalaciones, con la base de Al Udeid en estado de alerta.
El temor ahora es una guerra regional de mayor escala, con potenciales impactos en el Estrecho de Ormuz, en bases estadounidenses y en aliados estratégicos. La situación evoluciona minuto a minuto y todo indica que esta madrugada puede haber sido apenas el comienzo de una operación más amplia, con consecuencias imprevisibles para el equilibrio en Oriente Medio.