La selección argentina cerró su ciclo de amistosos en suelo local con una goleada contundente ante Zambia y dejó atrás las dudas que había sembrado la irregular actuación frente a Mauritania días atrás. Con Lionel Messi como figura y protagonista hasta el final, el equipo de Lionel Scaloni se impuso 5-0 en La Bombonera y envió un mensaje claro de cara al Mundial 2026.
El partido sirvió para mucho más que sumar un resultado positivo. Fue la última presentación del campeón del mundo ante su gente antes de viajar a Estados Unidos, y también la noche en que Nicolás Otamendi se despidió del público argentino con un gol de penal, en lo que será su último Mundial. La celebración fue unánime en las tribunas: el grito de “dale campeón” marcó el pulso de una noche que necesitaba ser de fiesta y lo fue.
Messi, de principio a fin
A los 38 años, el capitán del seleccionado argentino disputó los 90 minutos y fue el conductor de todo lo bueno que hizo el equipo. Desde el arranque encendió La Bombonera con una pisada que descolocó al defensor y elevó la temperatura de las tribunas. Luego asistió a Julián Álvarez para el primer gol, convirtió el segundo con un quiebre de cintura y visión de área que pocos en el mundo son capaces de replicar, y cedió el penal que Otamendi transformó en el 4-0. También buscó el arco desde fuera del área, en el gesto descontracturado de alguien que disfruta el fútbol sin presión.
Lo que mostró no fue la explosión de otros tiempos, pero sí algo quizás más valioso en la antesala de un Mundial: inteligencia, timing y liderazgo. Messi distribuyó los esfuerzos, leyó el partido con la experiencia acumulada de dos décadas en la élite y contagió al grupo en cada intervención. El debate sobre su presencia en el torneo parece saldado por sus propios pies.
Scaloni probó variantes y Barco apareció
El técnico aprovechó la distancia de jerarquía con un rival ubicado en el puesto 91 del ranking FIFA para resolver algunas de las dudas que había dejado abiertas la victoria trabajosa sobre Mauritania. La principal novedad en el once fue la presencia de Leandro Paredes en lugar de Rodrigo De Paul, y el mediocampista de Boca Juniors respondió con autoridad: condujo, distribuyó, cambió el juego en largo y fue uno de los más influyentes en la primera etapa.
En el complemento, con el partido resuelto, Scaloni movió el banco para terminar de afinar la lista que deberá presentar antes del 30 de mayo. El que más aprovechó su oportunidad fue Valentín Barco, que jugó primero como interno por la derecha y luego se corrió al sector izquierdo tras el ingreso de Nicolás Paz. El juvenil del Racing de Estrasburgo marcó su primer gol con la mayor y metió un pie fuerte en la consideración del entrenador. Thiago Almada también tuvo minutos, generó la jugada del penal y mostró destellos de su calidad, aunque sin la regularidad necesaria para garantizarse un lugar. Entre los arqueros, Juan Musso reapareció en el seleccionado después de casi cinco años y se perfila como el tercer guardameta para el Mundial.
La noche también tuvo un capítulo especial para Otamendi, que llegó a este partido con lo justo físicamente pero no quiso perderse la despedida del público. El defensor de Benfica convirtió de penal, fue ovacionado al salir y cerró con emoción un ciclo que continuará hasta la Copa del Mundo, donde colgará los botines de la selección. El triunfo sobre Zambia no solo borró el mal trago del viernes anterior: le devolvió al grupo la confianza que necesita para encarar la recta final hacia el torneo más importante del planeta.
