La granizada, el hielo y mil metros de destrucción: así fue el accidente del Hércules C-130 en Bolivia

El viernes por la tarde, el cielo sobre El Alto presagiaba mal tiempo. Una granizada había barrido la pista del aeropuerto internacional —uno de los más elevados del planeta— dejando una capa de hielo sobre el asfalto. Minutos después, esa delgada película helada se convertiría en el factor determinante de una de las peores tragedias aéreas que recuerda Bolivia.

Eran alrededor de las 18.00 horas cuando un Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Boliviana tocó tierra. La aeronave había partido desde Santa Cruz de la Sierra con una carga inusual: fajos de billetes nuevos del Banco Central, series frescas destinadas a renovar el circulante nacional. El avión llegó. Tocó pista. Y no frenó.

Lo que siguió ocurrió en segundos, aunque sus consecuencias se extenderán por mucho más tiempo. El C-130 se salió del perímetro aeroportuario, irrumpió en una avenida transitada y se arrastró más de mil metros destruyendo a su paso al menos una decena de vehículos. El estruendo, el polvo y el humo reemplazaron en instantes el ruido cotidiano del tráfico. Entre los restos quedaron tripulantes, conductores y peatones que simplemente estaban ahí, en el lugar equivocado.

El saldo preliminar es estremecedor: al menos 20 personas fallecidas —cifra que las autoridades aún están consolidando— y decenas de heridos, varios de ellos en estado crítico trasladados de urgencia a distintos centros de salud de la ciudad.

Pero el drama no terminó con el impacto.

Cuando el fuselaje se abrió, los fajos de billetes comenzaron a dispersarse sobre la avenida. La escena era surreal: entre el humo, los autos calcinados y los gritos, vecinos y curiosos se lanzaron a recoger el dinero. La Policía debió desplegar un operativo de emergencia para asegurar el perímetro. Desde el Ministerio de Economía aclararon rápidamente que esos billetes carecen todavía de valor legal —son series en proceso de activación, no habilitadas para circular— y advirtieron que su uso o comercialización constituye delito.

La madrugada encontró a equipos de bomberos, peritos y rescatistas trabajando entre los restos iluminados por reflectores y sirenas. Una imagen que resume con brutalidad lo ocurrido: clima adverso, carga sensible y una maniobra que se convirtió en catástrofe.

El accidente vuelve a poner sobre la mesa las condiciones operativas del aeropuerto de El Alto, donde la altitud extrema y los fenómenos climáticos representan un desafío permanente para cualquier aeronave. La Dirección General de Aeronáutica Civil y el Ministerio de Defensa confirmaron la apertura de una investigación técnica para determinar con precisión las causas del siniestro, y aclararon que tanto la aeronave como la carga contaban con cobertura de seguros.

Las próximas horas serán decisivas. Hay familias esperando noticias, un número de víctimas que aún no es definitivo y preguntas que Bolivia exige que se respondan. Por ahora, El Alto llora una herida que tardará mucho en cerrar.

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